Quisiera ser el viento 14/10/03



Quisiera robarte las noches pasadas
y las tardes anarajandas.
Quisiera volver a encontrarme
con aquellas miradas,
con aquellas sonrisas.

Quisiera poder decir tan fácil; te amo.
Quisiera volver a buscarte a escondidas
y volver a llorar las lagrimas recorridas.

Quisiera repasar las mil revelaciones,
quisiera consternarme con tus emociones.

Volver a soñar
como lo hicimos algún día,
reajustar los balances
y sanar las heridas.
Perdonar las nostalgias
y volver a ser los niños de antes.

Atravesar las montañas
y si no se dejan echarlas al mar.

Despejar las tardes perdidas
sin miedo a ser criticados.
Buscar nuestro destino,
buscar nuestra línea con Dios.

Reaparecer las flores en le campo
y jugar con las alegrías.

Perderle el miedo a morir,
reconocer el holocausto
pero buscar las respuestas correctas,
mirar con el cristal de Dios.
Volver a ser los de antes
o ser los de ahora pero mejores.

Aunque nos recordemos
no podemos olvidar
que fuimos importantes
el uno para el otro.

Quisiera no perder mi esperanza
para morir si es posible con este corazón.
Quisiera ser el viento
para que donde vayas tu, vaya yo.

Horas aquellas
















Ojalá hubieran permanecido
las horas aquellas
en las que te conocí.
El cielo seco y el aire perfecto
parecían conectarte
a las vísperas de tus deseos.

Deseos que yacen muertos
en la alcoba de tu alma.

Mis manos tiemblan
cual espasmo de un animal moribundo,
mis ojos perfectos
que miden la desdicha
y la esperanza
cual rio caudaloso.

Y es que en ti
las manecillas de mis sueños se detienen.
El paramo de mis secretos
se florece con tus vestigios.
Cambiando mis designios,
renovando mis decretos.

Y es que en ti
no me aparecen mis paredes y mis trincheras,
aquellas que levante previniendo de moradas.
Aquellas que deje en caso de besar las alboradas.

Y es que en ti,
aguardan las alondras que nunca conocí.
Aquellas que hice desde el principio.
Ellas nos mantuvieron tan distanciados,
tan conectados.

Ojalá hubieran permanecido
las horas aquellas,
donde te vi.

Hora Cero















Es la hora cero y a pedazos muero,
nueve nuevos pensamientos me resarcen.
Laten tus ojos negros al lado de mi lado,
mis dedos pretendientes, indecisos;
no deciden el lugar sereno de su descaso.
Surco tu piel como estudiando
la geografía de tus pensamientos.
Entierro en tu pecho el secreto de mis deseos
y dejo marcas con besos ciegos.
Reviso tus lunares con detenimiento,
retomo mi huida de tus labios a tus mejillas
y ahí suspiro tus demencias y locuras.
Mis manos sostienen tus manos
y en mis pupilas se copean las retahílas.

Y es que aquí no existe el tiempo,
los segundos son imaginarios
y en este mundo el momento lo es todo
y todo lo es este momento.
Aquí tu pecho es la tierra de mis descansos,
aquí tus parpados son las ventanas a mis anhelos.
Y justo aquí, cuando enredo mi vida a tu vida,
justo ahí es cuando la verdadera vida comienza.

Underdescription


Pretende ser simple a veces cabizbaja con un color tenue y comienza de nuevo. Se despinta de su fachada y la mascara que le cubre la triste herida se muestra a carne viva. Sus ojos se disuelven como aire en el aire, sus manos frías como siempre congelan la distancia.


Luego sus oídos huelen mi ausencia, mi dolor a la absurda nostalgia, y entonces; el rato comienza. La hora no existe, todo es en cámara lenta, sus parpados se divulgan y revelan su alma como libro abierto. Se envuelve el pensamiento en definiciones y las mide entre instancias y sus poces. El matiz de su figura se desbarata en mis entrañas, se extrañan las madrugadas que se dibujan sobre su rostro.


El corazón se describe en silencio, tejiendo un mundo de recuerdos en mi alma. El hilo es de plata y sus dedos son de carne. Luego el toque se reinicia y se formatea como ola, se filtran las caricias y la luz estalla hasta el horizonte de mi espíritu. Su mente divaga y vuela, se convierte en águila y aun vuela.


Luego el pause se remite y ahora todo corre; todo emigra a un milenio cercano. De repente el hueco de tu hueco me ahonda y me confronta. De repente el sol sale donde estabas pero ahí muere, y de repente; ya no estabas, de repente tu silueta había huido y la descripción aficionada de tu mirada había muerto.


Hora Cero

















Es la hora cero y a pedazos muero,
nueve nuevos pensamientos me resarcen.
Laten tus ojos negros al lado de mi lado,
mis dedeos pretendientes, indecisos;
no deciden el lugar sereno de su descaso.
Surco tu piel como estudiando
la geografía de tus pensamientos.
Entierro en tu pecho el secreto de mis deseos
y dejo marcas con besos ciegos.
Reviso tus lunares con detenimiento,
retomo mi huida de tus labios a tus mejillas
y ahí suspiro tus demencias y locuras.
Mis manos sostienen tus manos
y en mis pupilas se copian las retahílas.

La sonrisa rota















Quisiera poder deducir tus alientos
en esta noche que parece tan perfecta
y poder decir así de simple; te amo,
arrebatando del ocaso el raudo osculo.

Te entiendo como te entinto en mis cuentos,
cual resplandor efimero de la noche
y en las cáscaras de mi tímida tertulia
pregono a la blanca luna de amorios.

La marea hunde al barco de mi olvido
en los treinta mares de mi ansiedad,
donde guardo el suspiro de las estrellas
dirreción del centro de mi alma.

La perfecta sonrisa fingida esta rota,
como el prado negro de mi albergue.
Se abren sigilosas las puertas del oeste
dejando jadear al silencio del crepúsculo

Y en el baldón de mis lágrimas sinceras
aquello que parecia un consuelo fugitivo
es ahora la calida mañana que ha llegado;
se ha quedado pero todo en tu ausencia.

Quedate a mi lado










Quítame en las horas

todos los minutos y segundos.

Róbame el cielo,

y sus nubes de algodón,

quédate con las mañanas

en los balcones de pasión.

Mantén aprisionados

los instantes del recuerdo.

Desaparece el aire circundante

e incluso deja que mi respiración

llegue extinguirse.

Consúmete todas las puertas y ventas,

que no me queden salidas,

y que las paredes

se vuelvan grises y acabadas.

Húrtame el deseo e incluso las ganas,

las desganas, las nostalgias

y mis lagrimas de alegría.

Mata mi seguridad y mi autoestima

en la alcoba de mis sienes.

Destruye mis conexiones con el mundo

y con los que algún día amé.

Quédate con mis poesías y mis versos,

quédate con mi corazón y mis despistes.

Calla las mil palabras de mi boca

y para a mis manos escurridizas en tu cuerpo.

Termina mi lucidez

y que mi sabiduría se escurra por el escusado.

Que mis años mueran en una noche de silencio.

Comete mis labios

y entiérrame vivo si te apetece.

Eleva todos mis caminos

y borra todas mis veredas.

Formatea mi cerebro,

concluye toda historia en mi vida.

Confina al infinito mis deberes,

confínalos al universo de la nada.

Y si quieres que nada quede,

que nada exista, que nada sea.

Pero quédate a mi lado,

déjame mirarte esta mañana

mientras duermes,

déjame tocar tus labios

con mis dedos.

Déjame vivir un segundo más contigo.